¿Socialismo Real Existente?

Lo que nosotr@s pensamos de la Unión Soviética & Co. y por qué sus terribles delitos son una razón más para luchar por el comunismo

„Pero eso no funciona, ¿ya olvidaste la última vez?”
Tod@ aquél que quiera criticar al capitalismo, se verá tarde o temprano enfrentad@ con esta frase escéptica. Muchas de las respuestas a una crítica fundamental acerca de las relaciones sociales existentes y a la búsqueda de una organización social alternativa se basan en el fracaso del llamado „socialismo real existente“ que existió en la Unión Soviética y en la República Democrática Alemana (RDA), como prueba irrefutable de que no pueden existir alternativas al capitalismo. La argumentación es la siguiente:
„Fíjate, el capitalismo quizás no sea tan brillante, pero cualquier otra forma de organizar la sociedad inevitablemente termina en una dictadura.“
Mucha gente de izquierda piensa que éste es un argumento estúpido y que no hay porqué ocuparse de esta herida histórica llamada socialismo y sus crímenes. Pero si buscamos una alternativa al capitalismo, no podemos evitar la confrontación con el problema de lo que en su día, tanto por parte de sus adversari@s del oeste como por sus representantes del este, se llamó ‚comunismo‘ o ‚socialismo real existente‘.
El objetivo de este artículo no es desacreditar la búsqueda de un modelo de sociedad fundamentalmente diferente. Tampoco vamos a equiparar los estados del Bloque del Este con el régimen nazi. Principalmente, queremos dejar claro que nuestra idea de una sociedad comunista tiene muy poco en común con cualquiera de las antiguas dictaduras del bloque oriental. Empezaremos por preguntarnos: ¿Qué fue este „socialismo real existente“? Según l@s que estaban en el poder en aquellos días, la gente se había embarcado en un camino hacia la construcción de una sociedad igualitaria y sin clases. Pero como esta sociedad sin clases obviamente aún no había sido alcanzada y simplemente estaba en proceso de construcción, las cúpulas políticas decidieron llamarla „socialismo real existente“.

‚Socialismo Real Existente‘ I: Mejor que del, es hablar de “dictadura sobre el proletariado”
Cuando Karl Marx se ocupa de la transición del capitalismo a los sistemas comunistas, habla de un período de „dictadura del proletariado“. Durante esta etapa, l@s proletari@s que han llegado al poder se ven obligad@s a defender la revolución contra la antigua clase dominante. Pero una vez que este peligro se disipa, instituciones como el aparato estatal y militar necesarios para ello, se marchitarían por innecesarios.
L@s gobernantes de los estados del Bloque del Este apelaron a esta „dictadura del proletariado“, como justificación ideológica para sus instrumentos de dominio y sus estructuras de poder. En el curso de los acontecimientos, la demanda amplia de la autodeterminación por parte de l@s trabajadores se convirtió en su exacto opuesto, a saber: una dictadura burocrática sobre la gran mayoría de la población. Bajo el liderazgo de Lenin, en 1917 la Revolución de Octubre condujo a la facción bolchevique del Partido Obrero Socialdemócrata a hacerse cargo del gobierno. Inmediatamente después, la gente logró establecer por primera vez una autodeterminación real y popular. Esto fue evidente, por ejemplo, en el hecho de que l@s trabajadores eran capaces de planificar por sí mism@s la producción industrial, mientras que antes siempre habían tenido que poner en práctica las órdenes dictadas por “sus superiores”. Lamentablemente esta fase no duró mucho. Pronto se le puso fin mediante la dictadura de un pequeño grupo del partido, un sistema que fue introducido por Lenin y conducido al extremo por Stalin. Una vez muerto Stalin, el culto a la personalidad que se había desarrollado alrededor de él y de l@s líderes soviétic@s fue abandonado para comenzar un período de „desestalinización“. También hubo un esclarecimiento de los crímenes cometidos por el Estado. Sin embargo, la dominación autoritaria de la burocracia de partido sobre la población y el control en casi todos los ámbitos de la vida social continuaron expandiéndose en todos los países del Bloque del Este.

‘Socialismo Real Existente‘ II: En lugar de la liberación del trabajo, liberación a través del trabajo
Los países del este prometieron a sus habitantes un sistema económico que funcionara sin un desempleo masivo, sin el principio de la competencia, y sin explotación. Pero los países del este no lograron desarrollar un sistema económico comunista autosuficiente. No había una ruptura fundamental con los principios determinantes de las economías capitalistas. En esencia, ellos sólo se limitaron a cambiar el nombre de „empresa privada“ a „empresa de propiedad nacional”. Los criterios básicos de la producción capitalista intercambio, dinero, salarios y beneficios – no estaban realmente en tela de juicio. Esto acabó en el hecho de que incluso los estados del „socialismo real existente“ competían entre sí, generando una réplica exacta de los estados capitalistas mismos, llegando incluso a utilizar medios militares para obtener esferas de influencia a nivel global. En definitiva, las cúpulas políticas de los llamados países socialistas, competían con el capitalismo desde dentro de sus categorías más centrales, a saber: la presión de trabajo o la necesidad de ser eficientes sin importar el efecto que ello pudiera tener en la vida de las personas. La verdad es que un proyecto así, entrar en un juego donde no se ponen en tela de juicio las reglas mismas con las que se juega, es bastante idiota. De hecho, no fue una gran sorpresa que el capitalismo terminara por ganar un juego que el socialismo ya había empezado a perder desde el principio.
En la vida cotidiana del „socialismo real existente“ estas deformaciones se manifestaron, entre otras cosas, a través del predominio de un fetichismo del trabajo de pleno derecho. La gente trabajaba para ampliar la riqueza del Estado más que la de la población. Otr@s tenían que hacer trabajos en gran medida inútiles o superfluos con el fin de crear la impresión de „pleno empleo“. Así fue como el trabajo dejó de ser meramente un mal necesario que tan sólo se practica según lo que realmente se necesita. La gente allí tenía que trabajar tanto como antes bajo el régimen capitalista.

‚Socialismo Real Existente‘ III: Organismos que trabajan duro, almas endurecidas
Esta fetichización del trabajo fue sólo una parte del llamado ideal socialista. El trabajo duro también estaba para endurecer el cuerpo y la demanda de una manera moralista y ascética de la vida recordaba a la atmósfera deprimente y opresiva de las iglesias protestantes. Pero, si se condena cualquier signo de debilidad y cada vez que se manifiesta una emoción se la etiqueta de gesto „pequeño burgués“, todos los fundamentos necesarios de una sociedad cuyo objetivo es cubrir íntegramente las necesidades de las personas no puede más que fracasar. Esto significa que, si la capacidad de empatía, el comportamiento no-autoritario y un intento de comunicación no violenta es nulo, imposible será también alcanzar el objetivo final del cambio de organización social. Ahora bien, ¿por qué nos encontramos en este punto? Porque vemos que hoy por hoy quien quiera tener éxito dentro del capitalismo también tiene que endurecer y fortalecer esos pedacitos de él o de ella que son autoritarios y violentos.
Con todo esto no queremos pedirles a tod@s que sean “buen@s” y “altruistas”. Suficiente altruismo hay ya en la sociedad cuando, por ejemplo, la gente va a morir voluntariamente por „su“ nación. No se trata de eso, lo que se necesita es despertar la voluntad en la realización de las necesidades propias, y luego abrir vías políticas para poder llevarlas a cabo de una forma no violenta. En nuestra experiencia personal, el (re) conocimiento de nuestras propias formas autoritarias pueden despertarnos temores. Pero eso es el primer paso hacia el cambio. Pues, volviendo al „socialismo real existente“ y su culto a la dureza en el trabajo y los sentimientos: se desarollaba una personalidad autoritaria comparable a la de la sociedad capitalista. Es por ello que a nosotr@s nunca llegarán a sorprendernos las crueldades que todas aquellas personas que se hacían llamar „comunistas“ fueron capaces de cometer. Una sociedad que no está interesada en impulsar la capacidad de las personas para la empatía, pero sí lo está en promover el autoritarismo, es lo contrario de lo que podríamos llamar una sociedad emancipadora.

’Socialismo real existente’ IV: ¿Era inevitable el fracaso?
Cuando la gente critica las antiguas dictaduras del Bloque del Este, much@s responden que éstas surgieron de circunstancias mucho más difíciles que las de sus competidores en el oeste. Y, en efecto, la Revolución de Octubre en Rusia sucedió a pesar de una fuerte presión de las potencias capitalistas europeas. El Oeste apoyó a enemig@s intern@s de la revolución – como los grupos contrarrevolucionarios „blancos“ – tanto como les fue posible. En particular, la Alemania que unos años más tarde se convertiría en la Alemania nazi, ejerció una enorme cantidad de presión sobre l@s dirigentes soviétic@s en su camino a la construcción de una sociedad distinta. Por eso ell@s tenían que seguir adelante con la industrialización, y no con poco sacrificio humano, para armar militarmente al país y poder defenderse de un ataque inminente.
Si bien en todas estas explicaciones hay una parte de verdad, no podemos pasar por alto el hecho de que las revoluciones siempre ocurren en condiciones muy difíciles. Una política creada en estas circunstancias debe estar preparada para hacer frente a estos problemas de manera racional. Incluso dentro de los partidos comunistas de la época se hicieron llamamientos para crear una sociedad liberada de personas que se unen por su propia voluntad. En una sobria reflexión, juzgando a partir de estas normas, el ‚socialismo real existente‘ ha sido un claro fracaso.
Pero señalar estas circunstancias adversas no debe dar la falsa impresión de que las estructuras de poder del ‚socialismo real‘ no tenían nada que ver con la ideología bolchevique de Lenin. El „centralismo democrático“ no inevitablemente conduce al estalinismo. Pero en la práctica de la URSS, el partido de vanguardia de Lenin significaba un régimen autoritario de revolucionari@s profesionales, que estaban por encima de la base proletaria del partido. Esto se manifestó de forma evidente en el hecho de que incluso dentro del partido la oposición no estuviera permitida, y la base misma de éste estuviera estrictamente vinculada a las decisiones de ese partido de vanguardia.
En nuestra opinión, las purgas no fueron una sorpresa dentro de un partido cuya doctrina central era un materialismo histórico que se veía a sí mismo como la vanguardia de un cambio histórico inevitable. „Procesos necesarios“ que se estancan o fracasan pueden ser explicados de dos maneras diferentes. La primera se basa en la idea de que todos ellos no eran, en última instancia, realmente necesarios. Pero, por desgracia, aparte de Lukács, comunistas de izquierda como Gorter y Pannekoek y la teoría crítica, fueron muy poc@s l@s que se inclinaron por esta opción. La otra explicación del fracaso es que se negó a aceptar los errores cometidos a nivel de la sensibilidad social y se dedicó a la persecución de l@s „culpables“. A esta otra alternativa se aferraron la mayoría de l@s dirigentes, cosa que explica la terrible y larga lista de supuestos contrarrevolucionari@s dentro del Partido Comunista de la Unión Soviética. Desde esta visión de la historia, no es de extrañar que Stalin y compañía se convirtieran en los mayores asesin@s de comunistas de toda la historia.

¿Y ahora qué?
Aunque nuestras razones para abordar la cuestión del „socialismo real existente“ son totalmente diferentes a las de la corriente política, ese proyecto fue, en nuestra opinión, realmente una catástrofe. Pero sería estúpido concluir de ello que la búsqueda de alternativas no vale la pena. El sistema capitalista en el que vivimos significa terror constante. Este terror toma la forma de guerra, pobreza y opresión en los llamados ‚países en desarrollo‘, pero también cada vez más en las metrópolis capitalistas. Un@ ni siquiera tiene que mencionar la evidencia de que 30 000 personas mueren cada día a causa del capitalismo, para terminar señalando que la búsqueda de alternativas a este sistema económico no puede esperar ni un día más.

Para seguir leyendo:

Anton Pannekoek
http://www.marxists.org/espanol/pannekoek/

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