¡Que nadie tenga nunca más que “trabajar como hombre”*!

O por qué Christiano Ronaldo siempre posa como vaquero antes del tiro libre
Este artículo pretende mostrar que, tanto chicos como hombres, tienen interés en deshacerse de los roles de género. Claro que esto es para las mujeres más evidente, como se puede leer en el artículo sobre feminismo de esta edición. En general, cuando los hombres se interesan por las relaciones de género, predomina la idea que esto es un tema “de mujeres”, con el cual hay que mostrar solidaridad. Sin embargo muchos hombres no suelen interesarse por este tipo de temas. Aunque deberían, ya que también ellos sufren a causa de las normas de género. En Alemania se hizo muy popular una percepción distorsionada de este sufrimiento, cuando los conservadores propusieron apoyar más a los chicos, creando un “movimiento de hombres” que propaga el orgullo de ser hombre. Pero, lo que yo quiero no es estar orgulloso de ser hombre, sino más bien destruir la masculinidad.

¿Y por qué todo esto?
Hasta la edad de los 12 años niños y niñas suelen llorar con igual frecuencia en los estados industriales. Después de eso los niños empiezan a decirse: “Boys don’t cry” y dejan de llorar. Ser duro es triunfar en el mundo de los chicos. El que no lo aprende de sus padres, lo aprenderá más tarde en el colegio, al ver que se molesta a los chicos más tímidos o “femeninos”. No es fácil aprender a adaptar el rol de género masculino. Sería un gran avance, si los chicos ya no tuvieran que sufrir ese proceso de endurecimiento. Y sería mejor todavía, si en general ya nadie fuese molestado por aquellos que fueron transformados dolorosamente a ser “duros”. En el capitalismo esto será difícil de cambiar, ya que aquí el “endurecimiento” es favorable en la competencia por las mejores notas o los mejores trabajos. Hasta a las mujeres se les exige que “trabajen como un hombre”. Pero es posible suavizar ciertos efectos de ese “endurecimiento”. Al menos los hombres que viven en relaciones heterosexuales se dejan llevar por el afecto emocional y el calor de una relación, ya que en sus amistades masculinas nunca aprendieron asentir la cercanía corporal o nunca tuvieron conversaciones sobre sus sentimientos. En el momento que desaparece la relación, sucede bien rápido que se quedan solos. Es muy poco frecuente que los hombres se queden toda la noche charlando o viendo películas cursis románticas cuando tienen penas de amor, ni siquiera entre los que no tienen ganas de seguir los roles masculinos – cosa que es bien común entre grupos de amigas. Y no es fácil superar las distancias ya incrustadas en las relaciones entre hombres. Las películas entonces nos cuentan que los hombres, cuando se sienten infelices, prefieren tomarse una cerveza con su mejor compadre en silencio, limitando la conversación a un simple suspiro “¡mujeres!”, seguido de una sacudida de cabeza. ¡No, gracias! – yo prefiero otra cosa.
El rol de hombre como sea molesta. A mí por ejemplo me molesta un montón cuando me imponen las típicas conversaciones “entre hombres” con palmadas en la espalda. Tal vez sirve seguir el juego de las juntas masculinas para recibir un mejor trabajo, pero yo no quiero tener nada que ver con ese tipo de juntas. Además, el que delimita mis planes de vida en categorías como “mantenedor de familia”, no puede tener buenas intenciones conmigo. También me pone bajo presión tener que ser siempre el protector o el que constantemente tiene ganas de tener sexo. Hasta entre las personas que critican ese tipo de roles se exige muchas veces que el hombre dé “el primer paso”. ¡Eh, yo también soy tímido! Y eso que estas cosas aún son relativamente inofensivas. El nivel de violencia, en cambio, que acompaña la idea de la masculinidad, se manifesta en el odio hacia los homosexuales que (aparentemente) “no son masculinos”. Las encuestas dicen, que cada tercer suicidio juvenil tiene que ver con homofobia. La persona que es atacada por la violencia homofóbica también puede ser sencillamente alguien que cumpla más con las exigencias modernas: que los hombres tengan una aparencia metrosexual y una “inteligencia emocional”.
Quien es considerado como hombre “suave” se siente rápidamente presionado a demostrar que es un hombre “de verdad”. Qué agotador. Qué violento. Así se puede interpretar la pose de “vaquero” de Christiano Ronaldo durante el Campeonato de Europa como una forma de defensa contra l@s que opinan que su apariencia física arreglada y su emocionalidad al jugar son “poco masculinas”. Y es, al mismo tiempo, un típico gesto machista que molesta y que además incita a otros hombres a repetir esos “gestos duros”. Un tonto círculo vicioso que nos ahorraría mucho sufrimiento en el mundo si fuera eliminado. Crear más grupos de amig@s, en los que se intente aflojar la definición de los géneros y sus roles, donde el traje de fierro de la competencia capitalista se ponga sólo con asco, eso sí que sería bueno.

Para seguir leyendo:
Connell, Raewyn: Masculinidades, México 2003.

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